Acaba de terminar el concurso Latin American Idol versión
2008, en el que resultó ganadora la panameña Margarita Henríquez. Hay muchas maneras en que puedo abordar este
tema, quizás desde la conveniencia de este tipo de concursos para fomentar el
talento artístico, o por la gran distracción de los verdaderos problemas y
retos de sus países que ha significado para los seguidores de los participantes
y del programa, especialmente en los países de los finalistas. Pero no, lo quiero ver desde el punto de vista
de negocios.
Que genial modelo de negocios para la cadena de televisión y para la empresa operadora de los mensajes, y que buen negocio para las industrias conexas como las publicitarias, las estaciones de televisión locales y regionales, y otras. Al menos en Panamá y en Costa Rica, este programa ha logrado cautivar la atención de prácticamente toda la población, y ha provocado que fluya un gran caudal de dinero para su negocio. No me he puesto a hacer el cálculo a detalle, pero solamente en Panamá la suma seguramente es millonaria.
¿Es esto lícito? Pues
claro que si. ¿Es esto éticamente
bueno? Pues mi opinión es también que
si, sobre todo cuando es perfectamente abierto a todo el mundo que esto es un negocio… esto no es política
o fanatismo religioso de cuarta, en que muchas veces se ocultan de forma
deliberada los intereses económicos o de otra índole. Y a pesar de que todos saben que es un negocio
(aunque probablemente muchos no miden la magnitud), les importa mucho más el
nacionalismo y otros factores para gastar dinero en votar por su candidato
favorito.
¡Pero que genial modelo de negocios! Yo también quiero crear un modelo como ése.
¿Ustedes que opinan?







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