Desde hace varios años vengo reflexionando en el fracaso empresarial, primero como una fuente de frustración personal, y poco a poco en la medida que han pasado los años, en las posibles formas de capitalizarlo para lograr éxitos personales y del prójimo. Inevitablemente mis reflexiones terminaban en múltiples ocasiones en la cultura general latinoamericana de estigmatización del fracaso, y en lo duro que resulta para quien fracasa, y que no le sobra autoestima, volver a emprender. Los bancos, los proveedores, la sociedad, los familiares, todos terminan mirando al re-emprendedor con recelo y dificultándole tremendamente el camino. Cuando empecé a aprender cómo funcionan las cosas en polos de innovación en Estados Unidos, en particular en Silicon Valley, abrí los ojos a un mundo fresco, radiante y refrescante, en el que la mayoría miran al re-emprendedor no sólamente con respeto, sino que quienes están llamados a servirles de apoyo (inversionistas, capitalistas de riesgo, hasta bancos), se ponen a sus órdenes más rápido que ligero, dado que confían mucho más en la capacidad de ser emprendedores exitosos de estos grandes receptáculos de experiencia y conocimientos.
Leonardo Maldonado escribió un post hace ya algunos años del tema, que tiene que ver con los cambios que requiere le educación de nuestros países para fomentar el cambio de paradigma estigmatizador del fracaso empresarial. Mis intenciones son que el Acelerador de Empresas de Panamá de la Ciudad del Saber, en un futuro no muy lejano, aborde el tema y le de el tratamiento prioritario de un tema no explorado ni mucho menos resuelto por nadie en Panamá.







Yo fracaso, èl fracasa, todos fracasamos
Hace un año, tal vez ni siquiera me hubiera interesado por este post, porque, como dices, hemos creado un estigma alrededor del fracaso, lo cuál nos hace temerle. Pero ahora, que puedo mirarlo de una forma distinta, puedo decirte con seguridad que en muchas ocasiones es tal vez necesario como una sacudida cuando nos hemos quedado dormidos sin querer.
¿Quién dijo que todo debe salir bien? Pregúntale a Adán y Eva o al mismo Jesús. ¿Quién no ha fracasado? La lucha contra las libras de más, levantarse más temprano una mañana, una comida que no quedó como la viste en TV. Vivimos fracasando, y también ganando, pero hay que entenderlo todo como un proceso normal y no la consecución de un historial de vida.
Más allá, pienso que hay que trabajar en cómo enfrentarlo (Si lo quieres hacer en AEP serìa genial). Saber cómo no dejarse dominar por ese estigma y convertirlo en una insignia. Alguien que lo dijo mejor que yo fue Elbert Hubbard: “Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia”.